Un estudio basado en más de 83.000 ocupantes implicados en accidentes reales muestra que el riesgo de sufrir lesiones moderadas o graves se ha reducido un 79% entre cinco generaciones de vehículos y que la mejora ha sido especialmente intensa entre las conductoras
La evolución de la seguridad del automóvil durante las últimas décadas puede medirse de muchas formas. Una de las más interesantes consiste en abandonar el laboratorio y observar qué ocurre cuando los vehículos circulan realmente por la carretera, con conductores y pasajeros de diferentes edades, tamaños y características físicas.
Ese es el planteamiento de Designing for Equal Occupant Protection – Learning from the Past, Moving Forward, una investigación presentada en 2026 que analiza cinco décadas de accidentes reales ocurridos en Suecia con vehículos Volvo para estudiar cómo ha evolucionado la protección de sus ocupantes.
La base de datos sobre la que trabaja el estudio reúne 50.950 vehículos y 83.840 ocupantes implicados en accidentes desde 1970 hasta 2021. Para el análisis principal, los investigadores seleccionan ocupantes de 13 años o más que utilizaban cinturón y comparan cinco generaciones de vehículos: 1970-1979, 1980-1989, 1990-1999, 2000-2009 y 2010-2019.
El resultado permite observar una transformación profunda. Entre los conductores, el riesgo de sufrir una lesión de gravedad moderada o superior —MAIS2+ en la clasificación médica utilizada en el trabajo— se redujo un 79% al comparar los vehículos de 2010-2019 con los de 1970-1979.
Pero la evolución desagregada por sexo aporta una lectura especialmente relevante: la reducción fue del 78% entre los hombres y del 88% entre las mujeres.
Una diferencia que se va estrechando con las nuevas generaciones de vehículos
El dato no significa que todos los automóviles actuales protejan exactamente igual a hombres y mujeres. Tampoco permite extrapolar directamente los resultados al conjunto del parque europeo, porque la investigación utiliza exclusivamente accidentes de vehículos Volvo registrados en Suecia.
Lo que sí muestra la serie es una evolución muy clara dentro de esa muestra.
Los investigadores señalan que el riesgo de lesión de conductores y conductoras sigue una trayectoria similar y aparece especialmente alineado durante las tres generaciones de vehículos más recientes analizadas, correspondientes a los años noventa, los 2000 y la década de 2010.
Es precisamente esa convergencia la que convierte el estudio en algo más interesante que una comparación entre hombres y mujeres.
La investigación plantea que mejorar la seguridad no consiste únicamente en diseñar un vehículo alrededor de un ocupante medio, sino en entender cómo responden personas diferentes ante situaciones de accidente diferentes.
Más allá del ocupante estándar
La base de datos utilizada permite analizar variables como sexo, edad, altura, peso, posición en el vehículo, utilización del cinturón, características del accidente y lesiones sufridas.
Ese nivel de detalle es importante porque los propios autores recuerdan que la protección de un ocupante depende de una combinación de factores. Una misma colisión puede producir consecuencias distintas en función de quién ocupa el vehículo, dónde está sentado, cómo está colocado y qué fuerzas actúan sobre su cuerpo.
El estudio parte precisamente de esa idea de protección equivalente: considerar a personas de distintos tamaños, edades y sexos, situadas en diferentes posiciones y expuestas a distintos tipos de accidente.
La metodología se apoya además en accidentes reales y no exclusivamente en ensayos controlados. Esto permite incorporar a la investigación la variabilidad que existe fuera del laboratorio y utilizarla después para definir nuevos requisitos, sistemas de protección y métodos de ensayo.
Del accidente real al diseño del vehículo
El trabajo describe un proceso de desarrollo que Volvo denomina Circle of Life, establecido hace más de medio siglo.
El principio es sencillo: estudiar accidentes reales, identificar mecanismos de lesión, convertir ese conocimiento en requisitos de seguridad, desarrollar soluciones, comprobarlas y volver después a analizar cómo funcionan cuando los vehículos regresan a la carretera.
Ese proceso ha acompañado distintos avances durante las generaciones analizadas: mejoras estructurales, evolución de los cinturones, pretensores, limitadores de carga, airbags, protección frente a impactos laterales o modificaciones destinadas a reducir la intrusión en el habitáculo.
El resultado acumulado es visible en la evolución del riesgo de lesión.
Entre las generaciones de los años setenta y las de 2010-2019, la reducción general del riesgo MAIS2+ entre conductores con cinturón alcanza el citado 79%.
Y, lejos de beneficiarse únicamente un perfil concreto de ocupante, el trabajo encuentra reducciones para hombres y mujeres, diferentes posiciones dentro del vehículo y distintos tipos de accidente.
La seguridad femenina deja de ser una cuestión separada
Durante años, parte del debate sobre mujeres y seguridad vial se ha centrado en si los sistemas de protección habían sido diseñados suficientemente para representar diferentes anatomías.
Esta investigación permite plantear la cuestión desde otra perspectiva.
La mejora de la protección femenina no aparece como una tecnología específica para mujeres, sino como el resultado de desarrollar vehículos capaces de responder mejor ante una población heterogénea.
Eso supone asumir desde el diseño que los ocupantes no tienen todos la misma altura, peso, edad, posición de conducción o características físicas.
En la práctica, diseñar para una mayor variedad de ocupantes puede terminar mejorando la protección del conjunto.
La evolución observada en la muestra refuerza esa idea: mientras el riesgo de lesión se reduce de forma muy intensa en ambos sexos, las diferencias entre hombres y mujeres se estrechan especialmente en las generaciones más modernas analizadas.
Cinco décadas de información que cambian el producto
La dimensión temporal del estudio es probablemente una de sus principales fortalezas. La base de datos de accidentes comenzó a construirse en 1970 y recoge de manera sistemática información sobre circunstancias del siniestro, condiciones de la carretera, objetos contra los que se produce la colisión, deformación del vehículo y características de los ocupantes.
La muestra utilizada para estudiar la evolución por generaciones incluye 41.620 conductores, 12.949 pasajeros delanteros y 5.076 pasajeros traseros, todos ellos mayores de 13 años y utilizando cinturón de seguridad.
Ese seguimiento permite comprobar cómo diferentes intervenciones técnicas introducidas durante décadas se reflejan posteriormente en accidentes reales.
Los autores destacan, por ejemplo, la evolución de la protección en impactos laterales, la mejora de los pasajeros traseros o la reducción de lesiones en accidentes contra animales de gran tamaño, un tipo de siniestro especialmente relevante en Suecia.
El hilo conductor es el mismo: convertir la información obtenida después de un accidente en conocimiento para el siguiente vehículo.
Un dato relevante, pero con límites claros
Los autores son investigadores de Volvo Cars y Chalmers University of Technology, y la base de datos recoge exclusivamente accidentes de vehículos Volvo en Suecia. Por tanto, sus resultados no permiten afirmar que la brecha de protección entre hombres y mujeres haya desaparecido en todos los automóviles actuales ni en todo el parque europeo.
El estudio tampoco concluye que el sexo sea la única variable que explica las diferencias de riesgo. Al contrario, insiste en que intervienen múltiples factores: tipo y gravedad del accidente, edad del ocupante, posición, utilización de sistemas de retención, características físicas o tecnología disponible en el vehículo.
Su aportación es distinta: proporciona cinco décadas de evidencia empírica que muestran que una estrategia de desarrollo basada en accidentes reales y en una población diversa puede reducir sustancialmente el riesgo de lesión y acercar los niveles de protección entre diferentes ocupantes.
Diseñar para personas diferentes
Para una industria que avanza hacia vehículos cada vez más tecnológicos, el estudio recupera una idea sencilla: la innovación en seguridad no depende únicamente de incorporar más sensores o sistemas electrónicos.
También depende de entender mejor a las personas que van dentro del automóvil.
Las diferencias físicas entre conductores y pasajeros forman parte de esa realidad. Considerarlas desde el diseño, junto con la edad, la posición o el tipo de accidente, permite desarrollar sistemas capaces de responder ante escenarios mucho más diversos que los representados por un único ocupante estándar.
Los datos analizados durante cinco generaciones de vehículos muestran hasta dónde puede llegar esa evolución: un 79% menos de riesgo de lesión moderada o superior para el conjunto de conductores, un 78% entre los hombres y un 88% entre las mujeres.
La principal lectura no está, por tanto, en determinar quién estaba más protegido hace cincuenta años. Está en comprobar que la ingeniería puede reducir las diferencias cuando diseña para la diversidad real de las personas que utilizan el automóvil.
Este contenido forma parte de FACONAUTO Woman, iniciativa que cuenta con el apoyo de MAPFRE, Enterprise Mobility y Solera para impulsar la igualdad de oportunidades, atraer y desarrollar talento femenino y reforzar la presencia y el liderazgo de las mujeres en el sector de la automoción.


