Programas como FIA Girls on Track están acercando a miles de niñas y jóvenes al mundo del motor, no solo como pilotos, sino como futuras ingenieras, técnicas, gestoras y profesionales de una industria en plena transformación
La automoción del futuro no empieza únicamente en una fábrica, en un laboratorio de baterías o en un concesionario digitalizado. A veces empieza mucho antes: en un kart, en un paddock, en una jornada de puertas abiertas o en una conversación con una ingeniera que explica a una niña que el motor también puede ser su sitio. Esa es la lectura más interesante de iniciativas como FIA Girls on Track, el programa internacional con el que la Federación Internacional del Automóvil busca acercar a niñas y jóvenes al ecosistema del motorsport y, por extensión, a las profesiones que rodean a la movilidad.
El dato es significativo: en 2024, más de 2.500 chicas participaron en 27 eventos de FIA Girls on Track. En 2025, la FIA ha ampliado el alcance del programa a nuevos escenarios, entre ellos el Mundial de Resistencia (WEC), el Mundial de Rallyes (WRC), el TCR World Tour y Formula SAE, con el objetivo de mostrar que el motor no es solo competición, sino también ingeniería, sostenibilidad, datos, gestión, comunicación y tecnología aplicada al automóvil.
Mucho más que pilotar
La fuerza de este tipo de programas está en que rompen una asociación histórica: la idea de que el acceso femenino al automóvil debe limitarse a la conducción o al consumo. FIA Girls on Track plantea otra lógica. Invita a las jóvenes a mirar la automoción como un territorio profesional completo, donde conviven la pista y el taller, el diseño y la estrategia, la mecánica y el software.
La propia FIA explica que el programa está dirigido a chicas de entre 8 y 18 años y ofrece actividades, talleres, orientación sobre salidas profesionales y contacto directo con mujeres que ya trabajan en el motorsport. Esa dimensión es importante, porque la vocación técnica rara vez aparece de forma espontánea. Se construye con referentes, con experiencias tempranas y con la posibilidad de imaginarse dentro de un sector antes de elegir estudios o carrera profesional.
En paralelo, la FIA ha lanzado también CareerShift, un programa orientado a jóvenes de entre 16 y 24 años que muestra la variedad de carreras vinculadas al motorsport: sostenibilidad, gestión deportiva, eventos, áreas médicas, comunicación o ingeniería. La lectura para el conjunto de la automoción es clara: el sector necesita ampliar su base de talento y explicar mejor todo lo que ocurre alrededor del coche.
Una historia que empieza en edades tempranas
El programa FIA Girls on Track – Rising Stars Junior 2025 ofrece una imagen especialmente potente de esa cantera. La edición de este año recibió más de 82 candidaturas procedentes de las cinco regiones de la FIA y seleccionó a nueve finalistas de entre 11 y 14 años para un campus de evaluación. Allí no solo se midió su rendimiento en pista, sino también su comprensión técnica, preparación física y desarrollo personal.
La ganadora fue Alana Gurney, una piloto australiana de 12 años que se subió por primera vez a un kart con cuatro. Más allá del resultado deportivo, la historia ilustra una idea de fondo: cuando el acceso se produce pronto, el talento tiene más tiempo para desarrollarse. Y cuando ese talento encuentra acompañamiento, referentes y estructura, puede convertirse en una trayectoria profesional real.
El valor para la automoción
Para Faconauto Woman, el interés de esta historia no está solo en la competición, sino en lo que representa para toda la cadena de valor del automóvil. La industria necesita atraer perfiles jóvenes en un momento de transformación acelerada: electrificación, vehículo conectado, diagnosis digital, inteligencia artificial, nuevas formas de venta, recarga y servicios asociados al ciclo de vida del coche.
El problema no es únicamente formar talento, sino conseguir que niñas y jóvenes se vean formando parte de ese futuro. Y ahí el motorsport tiene una ventaja narrativa enorme: emociona, visibiliza, genera referentes y permite explicar la tecnología de una forma tangible. Un monoplaza, un kart o un prototipo de Formula SAE pueden ser la puerta de entrada a una carrera en ingeniería, software, posventa avanzada o gestión de movilidad.
Una oportunidad para concesionarios y redes educativas del motor
La conexión con el concesionario también es clara. Si el sector quiere incorporar más mujeres a perfiles técnicos, comerciales especializados o de gestión, necesita trabajar antes la percepción. Muchos jóvenes siguen viendo el concesionario como un espacio limitado a la venta o al taller tradicional, cuando en realidad cada vez integra más tecnología, datos, servicios, financiación, experiencia cliente y asesoramiento sobre movilidad.
Por eso, iniciativas de cantera como FIA Girls on Track pueden inspirar también nuevas alianzas locales entre concesionarios, centros de FP, universidades, escuelas técnicas y programas de orientación. Abrir las puertas del sector a edades tempranas no es solo una acción de visibilidad: es una inversión en talento.
La automoción que viene no se construirá únicamente con mejores baterías, más software o nuevas plataformas comerciales. También dependerá de quién se siente a diseñarla, repararla, venderla, explicarla y gestionarla. Y para que haya más mujeres en esos espacios, primero tienen que poder imaginarse allí. A veces, todo empieza con algo tan sencillo como ponerse un casco, entrar en un circuito y descubrir que el motor también habla su idioma.


