Un cambio silencioso en los hábitos de movilidad podría tener un impacto directo en las emisiones del sector
Las decisiones de movilidad no son neutras desde el punto de vista del género. De hecho, distintos estudios internacionales apuntan a que los patrones de desplazamiento de las mujeres son, en promedio, menos intensivos en carbono que los de los hombres, un dato que empieza a llamar la atención de economistas, organismos multilaterales y responsables de política pública. En un sector como el transporte —responsable de cerca de una cuarta parte de las emisiones globales de CO₂— esta diferencia puede tener implicaciones relevantes para el futuro de la movilidad y, por extensión, para la industria automotriz.
Uno de los análisis más citados en este ámbito procede del Banco Europeo de Inversiones (BEI). Según los resultados del EIB Climate Survey, una gran encuesta internacional sobre actitudes ante el cambio climático, las mujeres son más propensas que los hombres a adoptar formas de desplazamiento más sostenibles, como el transporte público, caminar o compartir vehículo. Además, el informe subraya un dato clave para entender el impacto potencial de este comportamiento: las mujeres participan en aproximadamente el 80% de las decisiones de movilidad dentro de los hogares.
Este peso en la toma de decisiones cotidianas —desde cómo se organizan los desplazamientos familiares hasta qué vehículo se compra— convierte a las mujeres en un actor decisivo en la transición hacia sistemas de transporte más sostenibles.
Un impacto potencial directo sobre las emisiones
El mismo análisis del Banco Europeo de Inversiones plantea un escenario revelador: si los hombres adoptaran patrones de movilidad similares a los de las mujeres, las emisiones del transporte podrían reducirse hasta un 18%.
La explicación está en diferencias estructurales en la forma de desplazarse. Numerosos estudios europeos muestran que los hombres utilizan con mayor frecuencia el coche privado, especialmente en trayectos individuales, mientras que las mujeres recurren más al transporte público o a modos activos como caminar o la bicicleta.
Estas divergencias responden a factores sociales y laborales. Las mujeres suelen realizar más trayectos cortos encadenados —por ejemplo, llevar a los hijos al colegio, hacer compras o acompañar a familiares— mientras que los hombres concentran más desplazamientos en trayectos largos asociados al trabajo.
Aunque estas diferencias se han analizado tradicionalmente desde una perspectiva sociológica, hoy empiezan a interpretarse también como un elemento estructural en las políticas de descarbonización del transporte.
Un factor que empieza a interesar a la industria
Para la industria automotriz, estas tendencias no son una cuestión menor. En los últimos años, fabricantes, analistas y consultoras han comenzado a observar cómo los cambios en los hábitos de movilidad y en los criterios de compra están transformando el mercado del automóvil.
Si las decisiones de movilidad en los hogares están cada vez más influenciadas por criterios ambientales, seguridad o eficiencia —aspectos que diversos estudios asocian con mayor frecuencia al comportamiento de compra femenino—, los fabricantes y los concesionarios podrían enfrentarse a un consumidor con prioridades distintas a las que dominaron el mercado durante décadas.
Este cambio se refleja también en la creciente importancia de variables como:
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eficiencia energética
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costes de uso del vehículo
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emisiones
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impacto ambiental
que ya forman parte habitual del proceso de decisión de compra.
En paralelo, la electrificación del automóvil y la digitalización de la movilidad están redefiniendo el propio concepto de vehículo privado, que pasa de ser un símbolo de estatus o potencia a convertirse en una herramienta de movilidad integrada en un ecosistema más amplio de transporte.
La dimensión de género en la transición energética
La relación entre género y transporte también está empezando a analizarse desde la perspectiva de la política pública. El informe “Gender Equality and the Role of Women in Decarbonising Transport”, elaborado por el International Transport Forum de la OCDE, sostiene que incorporar la perspectiva de género en las políticas de transporte puede acelerar la transición hacia sistemas de movilidad de bajas emisiones.
Según este estudio, las diferencias en el uso del transporte entre hombres y mujeres reflejan patrones sociales, laborales y urbanos que influyen directamente en la demanda de movilidad. Comprender estas diferencias permitiría diseñar infraestructuras, servicios y políticas más eficientes para reducir las emisiones del sector.
Además, el informe subraya que la diversidad en los equipos de decisión —incluida la presencia de más mujeres en puestos de liderazgo— puede mejorar la calidad de las políticas de movilidad sostenible y favorecer estrategias más orientadas al impacto ambiental.
Un cambio silencioso que puede redefinir el mercado
La transición hacia una movilidad más sostenible suele explicarse a través de grandes transformaciones tecnológicas: electrificación, hidrógeno, software del vehículo o digitalización. Sin embargo, cada vez más análisis apuntan a que los cambios en el comportamiento del consumidor pueden ser igual de determinantes.
En ese contexto, el papel de las mujeres en las decisiones de movilidad y en los patrones de desplazamiento podría convertirse en uno de los factores menos visibles pero más influyentes en la evolución del transporte en Europa.
Si estas tendencias se consolidan, no solo afectarán a la forma en que se desplazan las personas, sino también a cómo se diseñan, se venden y se utilizan los automóviles en las próximas décadas. Porque, más allá de la tecnología, la transición del transporte dependerá en gran medida de las decisiones cotidianas que se toman en millones de hogares. Y en muchas de ellas, esas decisiones ya tienen rostro femenino.


