De los clubes femeninos de coches de altas prestaciones a pilotos españolas como Marta García, Nerea Martí, Belén García o Cristina Gutiérrez, el automóvil deportivo gana nuevas protagonistas dentro y fuera de la pista
La cultura del automóvil de altas prestaciones siempre ha tenido algo de rito: el sonido del motor, la precisión de una trazada, el cuidado de un diseño, la conversación alrededor de un garaje, una ruta, un circuito o una carrera. Durante décadas, ese universo se ha contado casi siempre desde códigos masculinos. Sin embargo, algo empieza a moverse en los márgenes más aspiracionales del automóvil. Las mujeres ya no aparecen únicamente como compradoras, acompañantes o excepciones deportivas, sino como aficionadas, pilotos, prescriptoras, creadoras de comunidad y protagonistas de un relato que también les pertenece.
La tendencia no es solo española, pero España tiene ejemplos suficientes para que la historia no suene lejana. En el plano internacional, el caso de Arabian Gazelles, considerado el primer club femenino de superdeportivos de Oriente Medio, ilustra bien este cambio cultural. Associated Press relató cómo el grupo reunió a 30 mujeres en un rally de cuatro días por Emiratos Árabes Unidos, con participantes de perfiles muy distintos unidas por una misma afición: los coches de altas prestaciones. La fuerza de esa imagen no está solo en el lujo o en la exclusividad, sino en el gesto de ocupar un espacio que durante mucho tiempo se había narrado como ajeno.
Una pasión que también se construye en España
El aterrizaje español permite mirar esa tendencia con más cercanía. En los últimos años, varias pilotos españolas han empezado a construir una relación muy visible con coches de altas prestaciones, GT, prototipos, resistencia o rally raid. No son casos decorativos ni anecdóticos: son trayectorias profesionales que ayudan a ampliar el imaginario de quién puede conducir, probar, competir y prescribir un automóvil deportivo.
Uno de los nombres más claros es el de Marta García. La piloto alicantina ganó en 2023 la primera edición de F1 Academy y en 2025 compite en la Le Mans Cup con Iron Dames en GT3. Su trayectoria conecta dos mundos que rara vez se explican juntos: la promoción de talento femenino en monoplazas y el salto a un territorio de resistencia y coches de altas prestaciones, donde el rendimiento no depende solo de la velocidad pura, sino de la gestión, la consistencia y la lectura técnica de carrera. Según los registros de su temporada 2025, García compite con el dorsal 83 de Iron Dames y ya figura como ganadora de carrera y con podios en Le Mans Cup.
También aparece Nerea Martí, que representa otra vía de entrada a esa cultura de alto rendimiento. La valenciana, con experiencia en F1 Academy, ha competido en 2025 en Supercars Endurance con BMW y volvió a ser elegida por Andretti para participar en el test femenino de Fórmula E en Valencia. Según AS, Martí preparó esa prueba en el simulador del equipo en Silverstone y afrontó el test como una oportunidad para seguir abriendo puertas en categorías internacionales. Su caso muestra cómo el automóvil de altas prestaciones ya no se limita al superdeportivo de carretera: también se expresa en coches eléctricos de competición, GT y campeonatos donde tecnología, marca y espectáculo se cruzan.
Del GT al rally raid: otras formas de altas prestaciones
La cultura del coche deportivo no vive solo en el asfalto perfecto de un circuito. También está en la resistencia, en los prototipos, en la navegación extrema y en las carreras de largo recorrido. Ahí encaja Belén García, piloto catalana que pasó de monoplazas a la resistencia y llegó a competir en LMP3, una categoría que exige adaptación física, precisión técnica y capacidad de leer un coche muy distinto al de promoción. Su trayectoria en European Le Mans Series y Le Mans Cup amplía el mapa de referentes españoles en automovilismo de altas prestaciones.
Y, en un registro distinto pero igualmente poderoso, está Cristina Gutiérrez. La burgalesa se convirtió en 2024 en la primera española en ganar el Dakar, en categoría Challenger, y en 2025 dio un salto de gran visibilidad al competir con Dacia en la categoría principal. Es la segunda mujer en la historia con ese respaldo oficial tras Jutta Kleinschmidt.
Su caso es especialmente interesante para esta lectura porque no se mueve en el universo del deportivo de garaje, sino en el del coche extremo: máquinas preparadas para desierto, navegación, resistencia mecánica y gestión del riesgo. Es otra forma de cultura automovilística aspiracional, menos asociada al lujo y más vinculada a la aventura, la técnica y la fortaleza del vehículo.
Woman: del acceso a la prescripción
Lo relevante de estos ejemplos no es solo que haya mujeres conduciendo coches rápidos. La lectura más interesante para Faconauto Woman es que las mujeres están ganando peso en la prescripción cultural del automóvil. Ya no se trata únicamente de comprar un coche, elegirlo o conducirlo. Se trata de hablar de él, explicarlo, probarlo, competir con él, recomendarlo y construir comunidad a su alrededor.
Ese cambio tiene valor para toda la automoción. Porque la cultura del automóvil influye en el deseo, en la percepción de marca, en la relación con la tecnología y en la manera en que nuevas generaciones se acercan al sector. Cuando una mujer compite con un GT3, participa en un test de Fórmula E, pilota en el Dakar o forma parte de una comunidad de superdeportivos, no solo ocupa un asiento: amplía el relato de quién puede formar parte de ese mundo.
Para las marcas y los concesionarios, esta evolución también importa. El cliente premium, deportivo o aspiracional ya no responde a un único perfil. Las mujeres no son solo acompañantes en la decisión de compra ni un segmento que debe ser tratado con mensajes genéricos. Pueden ser conocedoras, prescriptoras, coleccionistas, pilotos, usuarias intensivas y generadoras de comunidad.
Una cultura del automóvil más amplia
El automóvil vive una etapa de transformación tecnológica, pero también cultural. Mientras el sector habla de electrificación, software o nuevos modelos de movilidad, conviene recordar que el coche sigue teniendo una dimensión emocional. Hay vehículos que se compran por necesidad, pero otros se eligen por deseo, por identidad, por experiencia o por pertenencia a una comunidad.
La entrada más visible de mujeres en el universo de las altas prestaciones ayuda a renovar esa dimensión. No elimina la tradición automovilística, sino que la ensancha. Incorpora nuevas voces, nuevos públicos y nuevas formas de vivir la pasión por el coche.
La automoción del futuro no será solo más eléctrica, más conectada o más eficiente. También será más plural en sus relatos. Y en esa evolución, las mujeres no solo están llegando al volante: están ayudando a redefinir quién cuenta la historia del automóvil.


