Seguridad, utilidad y confianza: lo que las mujeres señalan para que el coche eléctrico dé el salto al gran público

Este contenido forma parte de FACONAUTO Woman, iniciativa que cuenta con el apoyo de MAPFRE, Enterprise Mobility y Solera para impulsar la igualdad de oportunidades, atraer y desarrollar talento femenino y reforzar la presencia y el liderazgo de las mujeres en el sector de la automoción.

La próxima fase del coche eléctrico puede depender menos de explicar sus credenciales medioambientales y más de demostrar cómo funciona en el día a día.

Esa es una de las lecturas que deja el estudio *Charging ahead without her? Why women in the United States are less willing than men to purchase electric vehicles*, publicado en septiembre de 2026 en la revista científica Energy Research & Social Science. La investigación, basada en una encuesta nacional preregistrada realizada a 1.220 propietarios o usuarios de vehículos de combustión en Estados Unidos, analiza qué elementos condicionan la disposición a dar el salto al eléctrico.

El trabajo parte de una aparente paradoja. Las mujeres desarrollan, según la literatura recogida por los investigadores, más comportamientos favorables al medio ambiente y poseen aproximadamente la mitad de los vehículos en Estados Unidos, pero representan alrededor de un tercio de la propiedad de vehículos eléctricos. Más que leer esa distancia como una falta de interés, los autores se preguntan qué factores concretos están influyendo en la decisión de compra.

La respuesta abre una perspectiva especialmente interesante para la industria: el potencial está ahí, pero la decisión se juega en atributos muy concretos del producto y de su utilización cotidiana.

El argumento medioambiental no basta

La investigación analiza variables como la percepción de seguridad, la confianza en la autonomía disponible, el valor práctico del vehículo y el componente emocional asociado a su utilización.

Los resultados muestran que esos factores tienen una relación significativa con la intención de compra. Cuanto mayor es la percepción de seguridad, utilidad y disfrute, mayor es también la predisposición hacia el eléctrico; la ansiedad vinculada a la autonomía actúa en sentido contrario.

Esta conclusión introduce un matiz relevante. La cuestión no parece reducirse a que el coche eléctrico sea identificado como una opción sostenible. Para ampliar su mercado necesita funcionar también como un automóvil convincente desde parámetros mucho más cotidianos: sentirse seguro, resolver los desplazamientos habituales, facilitar la planificación y ofrecer una experiencia de conducción atractiva.

En ese sentido, las consumidoras analizadas por el estudio pueden actuar como un indicador especialmente interesante de la madurez del producto. Sus respuestas ponen el foco precisamente en algunos de los elementos que pueden determinar que la electrificación deje de percibirse como una tecnología específica y pase a competir con normalidad en una decisión de compra convencional.

Convertir tecnología en confianza

Uno de los resultados más claros se refiere a la autonomía. Las mujeres participantes anticipan una mayor preocupación por quedarse sin carga, un factor que reduce la intención de compra. Pero el estudio no lo presenta únicamente como una cuestión de kilómetros disponibles: lo relaciona también con la capacidad percibida del vehículo para resolver necesidades reales de movilidad.

Ahí aparece una lectura especialmente útil para el mercado.

A medida que las autonomías aumentan, las redes de recarga se amplían y los vehículos incorporan sistemas cada vez más precisos para calcular consumo, rutas y disponibilidad de cargadores, una parte creciente de la competencia comercial puede trasladarse desde las especificaciones técnicas hacia la confianza que el producto consigue generar en su utilización real.

Algo similar sucede con el valor práctico. El estudio identifica el denominado instrumental value —la percepción de que un vehículo resulta útil para las necesidades habituales— como uno de los factores que mejor explican la predisposición hacia el eléctrico.

El salto al mercado masivo, por tanto, no depende solamente de mejorar una cifra de autonomía o reducir un tiempo de recarga. También exige que esas mejoras se traduzcan en una percepción sencilla: este coche me sirve para mi vida.

También importa disfrutar del coche

La investigación incorpora además un elemento que a veces queda relegado cuando se habla de electrificación: el componente emocional.

El denominado affective value, relacionado con el disfrute y las sensaciones asociadas al vehículo, aparece también entre los factores con mayor capacidad para explicar la intención de compra.

Es un resultado particularmente interesante porque amplía el debate sobre el coche eléctrico. Su desarrollo comercial no pasa únicamente por convencer desde la eficiencia, el coste de utilización o las emisiones. También tiene que competir como producto deseable.

Diseño, confort, respuesta, facilidad de conducción, habitabilidad o experiencia tecnológica forman parte de esa ecuación. A medida que la electrificación madura, estas variables pueden ganar peso frente al simple hecho de que un automóvil sea eléctrico.

Una oportunidad para ampliar el mercado

El estudio se circunscribe a Estados Unidos y, por tanto, sus porcentajes no pueden extrapolarse directamente al mercado español o europeo. Su valor está en identificar qué variables intervienen en la decisión y en mostrar que existe un amplio espacio de crecimiento cuando la propuesta de producto responde mejor a las necesidades cotidianas.

Para el sector de la distribución, la lectura resulta especialmente interesante.

El concesionario es precisamente el lugar donde conceptos como autonomía, tiempos de recarga, funcionamiento tecnológico o prestaciones dejan de ser especificaciones en una ficha y pueden comprobarse en un vehículo real. La prueba de producto, la explicación de los distintos escenarios de utilización y la comparación con las necesidades concretas del cliente pueden adquirir así un peso creciente en la decisión.

La oportunidad que dibuja la investigación no consiste en fabricar un “coche eléctrico para mujeres”. Es prácticamente la contraria: entender mejor qué convierte a un eléctrico en un buen automóvil para la vida cotidiana.

Y las respuestas de las consumidoras aportan una pista bastante clara. Seguridad, utilidad, confianza y disfrute no son atributos periféricos de la electrificación. Son precisamente algunos de los elementos que pueden ayudar a llevarla definitivamente al gran mercado.

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