Los datos oficiales del Ministerio de Trabajo revelan que las mujeres apenas ocupan el 7,6 % de los empleos cualificados en industrias manufactureras y de la construcción, categoría donde se integra la fabricación avanzada y la mecánica técnica del motor. La transición hacia el vehículo eléctrico abre, por primera vez, un margen real para cambiar esta cifra.
Hay números que no necesitan interpretación: solo el 7,6 % de los puestos cualificados en las industrias manufactureras y de la construcción están ocupados por mujeres. La cifra procede del informe oficial La situación de las mujeres en el mercado de trabajo (MITES, 2024), elaborado con datos de la EPA. Es un porcentaje pequeño, casi diminuto, pero describe un muro histórico: el acceso femenino a la industria cualificada, donde se incluyen las ramas de automoción, fabricación de componentes y gran parte de las tareas técnicas.
Mientras otros sectores avanzan, este permanece anclado en una representación mínima. La industria del motor —que afronta la mayor reconversión tecnológica de su historia— descubre así que su punto débil no es solo la productividad o la electrificación, sino la ausencia de mujeres en los niveles técnicos que sostendrán su futuro.
Pero el informe también muestra un punto de luz: las barreras no son estructurales, sino formativas y culturales, y por tanto modificables.
Una industria en reinicio
La electrificación y la digitalización están alterando el mapa profesional de la automoción. La mecánica clásica —basada en el esfuerzo físico, el ruido y la grasa— convive hoy con la electrónica, el software, los sistemas de alto voltaje y la ingeniería de datos del vehículo conectado.
Este cambio abre una puerta que antes estuvo cerrada:
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los procesos se automatizan,
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el peso físico disminuye,
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la seguridad aumenta,
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y la técnica se desplaza hacia la precisión digital.
Es una transformación que erosiona los estereotipos que invisibilizaron a las mujeres en la industria. El dato del 7,6 %, leído en este nuevo contexto, ya no es una condena: es un margen de crecimiento.
Formación: la palanca que mueve el dato
El mismo documento del Ministerio de Trabajo revela patrones que ayudan a entender cómo modificar esta realidad. Las mujeres están sobrerrepresentadas en ocupaciones técnicas en servicios, pero infrarrepresentadas en las ramas manufactureras. La clave, por tanto, no está en la capacidad, sino en la orientación formativa y las salidas profesionales percibidas.
Aquí entran en juego tres tendencias recientes:
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Crecen las matrículas femeninas en FP industrial y tecnológica.
El Observatorio de FP del Ministerio de Educación confirma que las alumnas en familias profesionales como Mecatrónica, Sistemas Electrotécnicos, Fabricación Mecánica y Automatización han aumentado un 20 % desde 2022. -
La recualificación profesional se dispara.
Programas europeos y nacionales están atrayendo a mujeres que ya trabajan en automoción —atención al cliente, administración, posventa— hacia módulos de diagnosis eléctrica, mantenimiento de baterías o seguridad en vehículos de alto voltaje. -
Los nuevos empleos verdes son también empleos de precisión.
El FMI, en su informe Green Jobs and the Future of Work for Women and Men (2024), señala que los trabajos verdes requieren menos fuerza física y más competencia técnica, y que las mujeres progresan un 7 % más en estas ocupaciones respecto a aquellas no vinculadas a la transición ecológica.
Un momento de oportunidad para el motor español
La industria automotriz española se encuentra en un punto crítico: la electrificación, la llegada de gigafactorías, la expansión de la economía circular y el auge del software en el vehículo obligan a reclutar perfiles técnicos cualificados. Si solo el 7,6 % de esos puestos está hoy ocupado por mujeres, el potencial de crecimiento es gigantesco.
El reto no es convencer a las mujeres de que entren en automoción; el reto es mostrarles que la automoción ha cambiado.
Que la técnica puede aprenderse.
Que el esfuerzo físico ya no es un criterio.
Que las fábricas del futuro son más limpias, seguras y automatizadas.
Que la industria necesita precisión, inteligencia y diversidad.
Ese 7,6 % seguirá apareciendo en los informes de los próximos años. La pregunta es si continuará describiendo un límite o si empezará a retratar una transición. Porque cada mujer que entra en un ciclo industrial, cada alumna que se forma en alto voltaje, cada técnica que asciende en un taller digitalizado, ensancha la frontera de un sector que se juega su competitividad. Y quizás dentro de unos años, al revisar ese porcentaje, descubramos que aquel dato diminuto era en realidad un punto de partida.


